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Aimar, el "pibe" de Río Cuarto, que con talento y humildad conquistó al fútbol

El fútbol argentino fue testigo ayer del histórico retorno de Pablo César Aimar a River Plate. Ese “pibe”, que dotado de un talento extraordinario y con la humildad como bandera, conquistó al fútbol en distintas partes del mundo.

Nació un 3 de noviembre de 1979 en Río Cuarto. Es, probablemente, uno de los mayores emblemas de la historia presente de la ciudad. Representante a lo largo y a lo ancho del mundo de este suelo del sur de Córdoba. Ayer, la historia volvió a darle el homenaje que merece. Su juego, su talento, pero aún más su persona son de un privilegio incalculable.

Sus primeros pasos como futbolista los dio en la Asociación Atlética Estudiantes de nuestra ciudad. Su talento fue su pasaporte a la Primera División del fútbol argentino.

Y tras casi 15 años, Pablo volvió a ponerse la camiseta de River. El 17 de diciembre de 2000 había jugado su último partido, en un 2-3 de visitante ante Lanús. Y una semana antes había sido su despedida del Monumental en un 1-1 frente a Huracán. Una larga carrera en Europa y los últimos tiempos de quirófanos y consultas médicas. El tobillo derecho fue su pesadilla de los últimos años, como consecuencia de tres operaciones. Después de la frustrada experiencia en el Johor Darul Tazim FC de Malasia, pensó en dejar el fútbol y volvió a Río Cuarto. Hasta que un llamado de Enzo Francescoli, secretario deportivo del club, a principios de este año, despertó nuevamente al futbolista, que se sumó a la pretemporada. Diez minutos tardaron en ponerse de acuerdo entre Francescoli, Gallardo y Aimar.

Con el número 35 en la espalda, acorde a su edad y al número que utilizó en su debut en la Liga de España, Aimar saltó a la cancha a los 29 minutos del segundo tiempo, por Leonardo Pisculichi ante los aplausos a rabiar de los simpatizantes “millonarios” por la vuelta de Pablito.

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Un minuto después, el “Payaso” se empezó a divertir tirando un caño que hizo explotar a los hinchas “millonarios” y continuó con un toqueteo rápido junto a Teo y Mayada, en un costado.

“Tuve nervios y mucho ahogo, pero por suerte mis hijos pudieron ver lo que es el fútbol en la Argentina. No quería que se quedaran con el fútbol que vieron en Europa, que es diferente”, aseguró Aimar.

Además, el mediocampista agregó: “Fueron muchas sensaciones y todas lindas. A mis hijos les debe haber parecido rarísimo verme en una cancha con este ambiente. Ellos vieron canchas diferentes. Soy consciente de la vida que he llevado y que un día esto se termina y estoy disfrutando”.

Bienvenido Pablo. Por estos lares, estamos orgullosos de volverte a ver.

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