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Las madres frente a los nuevos modelos de familia

Para el pediatra Enrique Orchansky, el paradigma de madre tradicional casi no existe, como tampoco el modelo clásico de organización familiar. Sin embargo, en su consultorio advierte que la demanda es como si esos modelos continuaran vigentes.

Enrique Orchansky trabaja con los niños pero sacude a los padres con observaciones certeras de los comportamientos de los chicos. Para este médico pediatra la figura del adulto está desdibujada y dice que si no hay adultos, los niños no se sienten niños.

Orchnasky interpela con sus conclusiones obtenidas con casi treinta años de atender a los pequeños. Los síntomas los tiene a diario en su consultorio y reconoce que hay diferentes tipos de madres.

“Ser madre hoy es estar en un apriete importante”, explica el pediatra y agrega que casi todas las madres trabajan y reconoce que el modelo tradicional de la mamá en la casa esperando con la comida a los chicos y marido es casi una antigüedad.

“La mujer salió a trabajar en los 70′ y 80′, y no volvió más”, sin embargo “se sigue esperando de ella que cumpla con todos los frentes y el resultado es una madre culposa, con sensación permanente de no estar completa”, reconoce Orchanski.

La presión viene del trabajo, de los hijos, del marido y de la misma sociedad que abraza un modelo en extinción. “Hoy las familias han cambiado, hay ensambladas –padres vueltos a casar con hijos concebidos en anteriores matrimonios- y monoparentales. La estructura clásica de mamá, papá e hijos es poco común y esta situación atraviesa todas las clases sociales. Hay que reconocer que hay un nuevo paradigma de familias”, dice Orchansky.

A pesar de esto, los chicos siguen exigiendo que la mamá sea como era antes, que los acompañe, que los ayude en la tarea, que les organice los juegos. Los cambios sociales también trajeron diferentes situaciones donde se advierten cambios generacionales en la crianza. Orchansky se refiere a madres con edades entre los 30 y 50 años, que crían a niños que van a la escuela, nacidos entre 1995 y 2005, llamados generación Z y que se caracterizan por ser ansiosos y querer todo para ya.

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Frente a este panorama de cambio de paradigma, los padres deben ocupar su lugar y establecer claro las fronteras. Explica el doctor que escucha hablar generalmente de límites, pero dice que antes que los límites están las fronteras y sobre eso es donde los padres de hoy deben trabajar más. “Cuando uno tiene que poner los límites, significa que llegó tarde”, asegura.

A propósito del Día de la Madre que se celebrará el domingo, Orchansky aprovecha para reflexionar sobre el lugar que ocupa en la sociedad y dentro de la familia. Si bien reconoce que está muy exigida, advierte que en muchos casos están sobrepasadas y tercerizan muy rápido la maternidad. “Los niños son institucionalizados desde muy temprana edad”, lo que a veces puede provocar trastornos de alimentación, ansiedad o depresión, señala.

Aunque suene a reto, es un llamado de atención para que las mamás no se sientan tan agobiadas e incompletas y puedan disfrutar más la maternidad. Los cambios los tienen que poner los adultos, es necesario que se respeten las pausas, que no sea todo continuado. Por ejemplo, los fines de semana deben ser para descansar. “El ritmo de los chicos hoy es imparable, entre actividades extras y cumpleaños, los padres no tienen descanso y no hay diferencia entre los días de semana y el fin de semana, esa situación es la que hace que las madres lleguen siempre agotadas y no les permita visualizar lo realmente importante de la relación con sus hijos”, apunta.

La maternidad no es solo la biológica, también abarca a todas las que cumplen la función, puede ser una maestra, tía o abuela.

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Y por último, el especialista remarca que hay que festejar el Día de la Madre, haciendo sentir a las mamás adultas, porque “para que haya niños debe haber adultos”. Es que en una sociedad que se pelea contra el envejecimiento y donde se muestra que es malo envejecer, hay que lucir con orgullo la edad que se tiene, para que los chicos se reconozcan como tales. Y volver a decirles a los chicos que algunas cosas son para siempre, que el papá y la mamá son para siempre y que aunque no estén en la casa porque están trabajando, están pensando y ocupándose de ellos.

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