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Barcelona, sin Messi, goleó al Guangzhou y jugará la final con River

El conjunto catalán, con la ausencia del astro por un problema renal y del lesionado Neymar, le ganó 3 a 0 al equipo campeón de Asia, en la segunda semifinal con tres tantos del delantero uruguayo Luis Suárez.

Sin Lionel Messi y sin Neymar Jr. los goles del Barcelona los puso Luis Suárez. Con tres del uruguayo, el equipo catalán goleó 3-0 al Guangzhou Evergrande de China en Yokohama y se metió en la final del Mundial de Clubes donde enfrentará el domingo a River, en el partido tan esperado. Al equipo catalán le costó generar situaciones de gol en el primer tiempo, pero sobre el cierre de la etapa y en el comienzo de la segunda liquidó el partido.

Previsible fue el comienzo. Barcelona se encontró rápido con una muralla defensiva enfrente y evidenció muy rápido las ausencia de Messi y de Neymar. Porque sin el rosarino el Barsa pierde a ese hombre que rompe con las estructuras, el que se saca uno, dos, tres hombres de encima y destruye cualquier cerrojo defensivo con una gambeta. Sin él, el juego pierde verticalidad y se vuelve más horizontal. Sin Neymar pasa lo mismo. Y los catalanes fueron consecuentes con esas ausencias en el arranque del encuentro.

El Guangzhou decidió desde el comienzo obligar a los catalanes a apelar a su paciencia. Le cedió la pelota y del lado español comenzaron a moverla de lado a lado. Iba de Iniesta a Busquets, a Rakitic, otra vez a Iniesta, luego a Jordi Alba y de ahí a un defensor chino. Y volvía a empezar una y otra vez. Mientras, los asiáticos tejían una telaraña cerca de su arco.

Después de 15 minutos de tocar de un lado a otro la pelota y de chocar contra el muro de Luiz Felipe Scolari, el Barcelona dejó salir un poco al Guangzhou del fondo y puso un ojo en cómo quedaría parado el rival cuando cruzara la mitad de la cancha. Intentó sorprender rápido con una contra que Munir, reemplazante de Messi, no supo resolver y los asiáticos se volvieron a meter atrás.

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La primera ocasión de peligro llegó a los 22 minutos, con un pase de Iniesta que Suárez no pudo conectar antes que el arquero Li controlara la pelota. Pero un poco más clara fue la del 31, con un centro del mismo Iniesta, conductor y líder del equipo, para Munir, que cabeceó desviado. Barcelona no era mucho más que eso. Mientras, en la platea, observaban Marcelo Gallardo y Enzo Francescoli.

Pero cuando no se puede romper con toques ni con gambetas, bueno es probar con remates de larga distancia para exigir al arquero y, en caso de no convertir, buscar un rebote salvador. Exactamente, así llegaría el primer gol del partido. A los 38, Rakitic pateó desde lejos, Li no pudo retener, dio un rebote largo, y Suárez apareció para anotar el 1-0.

Un rato antes, el equipo chino se iba a llevar un enorme disgusto. Al ir a cabecear una pelota, Zheng Zou se encontró con Dani Alves y con un mal movimiento sufrió una muy fea fractura que lo sacó de la cancha.

Pero nada de eso amedrentó a los de Felipao, que cambiaron de actitud con la desventaja y se dieron una dosis de adrenalina para tratar de empatar rápido el partido. Con muy poco, los chinos pusieron a moverse a Claudio Bravo, el arquero del Barcelona, que hasta entonces era un espectador de lujo. Lo hicieron con un cabezazo de Elkeson, que se metía contra el palo izquierdo hasta que apareció el chileno a los 40.

El comienzo del segundo tiempo solo tuvo de parecido al primero el dominio del campeón de la liga española y de la Liga de Campeones de Europa. Pero esta vez encontraría rápido la manera de convertir el Barcelona. A los 4 minutos, Iniesta, tras recibir un pase de Suárez, ni tuvo que mirar al uruguayo picar para pincharle la pelota por encima de la defensa y así asistirlo para que Luisito hiciera de las suyas. El delantero de la Celeste la paró de pecho y cuando salió el arquero definió cruzado para marcar el 2-0.

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El partido pasó a ser cosa juzgada. Especialmente cuando llegó el tercero, con un penal que solo vio el árbitro Joel Aguilar de El Salvador, por una supuesta falta dentro del área contra Munir. Suárez, quién más, remató para convertir el tercero de su equipo y de su cuenta personal. Y los chinos se resignaron. Scolari ni siquiera apeló a Robinho, al que dejó en el banco de los suplentes y prefirió aguantar el 3-0.

Finalmente, el Barcelona cumplió con el trámite y se metió derecho en la final donde ya esperaba River. Será entonces el partido que todos imaginaron. El mejor equipo de Europa contra el mejor de Sudamérica. El domingo a las 7.30 será el momento de la verdad. Con Messi o son Messi, Gallardo tendrá una dura tarea.

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